
Fue en uno de los castillos de sus posesiones, el de Arguijuelas de Arriba, a quince kilómetros de Cáceres por la vía de la Plata.

Allí todos vestimos ropas medievales. Inmediatamente, nuestros reyes nos prepararon una fiesta con las actividades que normalmente se suelen desarrollar en sus posesiones: gimcanas, cata descontrolada de Matusalem, karaokes o exploración del territorio. Nos enseñaron a asustar a las ovejas por la noche, y a colarnos en la boda que se estaba celebrando en el castillo vecino.
La verdad es que fue una aventura. En el castillo nos tuvimos que enfrentar a fieras como enormes mantis religiosas, hormigas canívales asesinas o un escarabajo negro que acechaba a las incautas doncellas que dormían en las mazmorras.
Pero nunca tuvimos miedo. Sabíamos que con la protección del ama de llaves, nadie se atrevería a dañarnos.
