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El Secuestro II: ¡Liberado!

De esta guisa, como un mísero gusado de seda, en una caja de zapatos, me liberaron mis crueles secuestradores el pasado jueves. Fue en el bar Pinocho, donde mis amigos suelen quedar a tomar cañas antes del campeonato de futbolín.
Quiero agradecer a todos aquellos que se interesaron por mí y a los que pagaron el rescate.
Pero, me pregunto, ¿qué pasó realmente para que me secuestraran?
Recuerdo que estaba con las tías Dolores y Cris, haciéndme fotos con los Reyes Magos, el alcalde o el presidente del Congreso (por cierto, a ver si me pasáis las fotos, digo las fotos enfocadas), cuando de pronto, sentí un dolor incidisvo en la cabeza, y me desperté amordazado.
De mis secuestradores, recuerdo poco. Sólo sé que no me sacaban de viaje, ni me daban golosinas. Pero lo peor es que al que me atendía le huele el aliento y lleva tres meses sin depilarse las cejas.
Menos mal que me habéis ayudado a escapar. Gracias a todos. Y a mis fans, que tan cariñosamente me recibieron la noche de mi liberación. Por cierto, a ver si me dejáis la próxima jugar al futbolín.
A partir de ahora, espero tener más tiempo libre par seguir contandoos mis viajes. Por favor, no os olvidéis de mí, visitadme por aquí y decidme qué os parecen esos lugares tan raros a los que me llevan.
Yo, por mi parte, os prometo aventuras.
¿Queréis una muestra?

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