A la playa de Levante II: Altea







Pues como veo que os mola esto de las playas, os voy a recomendar una; una playa de esas que todavía no está siempre llena de turistas y niños jugando a las paletas, una playa de piedra, sí, pero que ha conservado todo su encanto, y en un pueblo encantador. Y esta joya está escondida en el Levante español. Es Altea.
Al contrario que Calpe o Benidorm, Altea ha mantenido sus playas de piedra, lo que ha sido un gran acierto para todos aquellos que quieren disfrutar de olas sin masificación. Las olas son tremendas y además me encantó el arroz negro que comí en uno de los restaurantes junto al puerto. Por cierto que, hablando del puerto, no os perdáis el amarre y descarga de pesqueros desde las cinco de la tarde.
Pero Altea también tiene el encanto de uno de los pueblos más bonitos y bohemios de la zona. Yo os recomiendo callejear por el casco antiguo de Altea, tan lleno de paredes encaladas, jazmines y geráneos. Por sus empinadas calles, se disfruta a un tiempo de la artesanía local -todo menos muñequitas de mi talla, me cachis...- y de maravillosos miradores al mar, desde los que se llega a ver la bahía de Benidorm. Yo os recomiendo el mirador que hay junto a la plaza de la iglesia, plaza, por cierto, maravillosa y plagada de restaurantes. Porque si bonita es la iglesia, más lo son quizás las casitas de su alrededor...






Y a la hora de comer, me gustó más el arroz negro que la paella mixta, que disfruté en un garito junto al puerto y la playa. No veáis cómo se puso mi barriguita de madera...
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