Escalona

Escalona es un pueblo precioso, no muy lejos de Toledo, al que suelo ir de vez en cuando, sobre todo en verano, porque te puedes bañar en el río Alberche a los pies de su majestuoso castillo.
El otro día, aprovechando una visita de "mi rusita", como diría Elena Anaya, nos fuimos de casa rural, y no pude evitar parar en el pueblo. Ella, que es muy blanquita y muy rusa, por supuesto que se quiso bañar en el Alberche, porque como estábamos a cinco o seis grados, decía que hacía calor. Yo me negué en redondo, claro, porque se me iban a congelar las cuerdas de los pies y muñones. No tenía que haberle contado la historia de aquella vez en la que vimos un bautizo gitano y se me pegaron todos los chavalitos mirando cómo flotaba... A cambio de mi negativa, le prometí volver este verano, el de verdad, a bañarnos y hacer una ruta de castillos.
Porque lo que más me llama la atención de Escalona es su castillo. La imponente fortaleza tiene origen romano. Después de ser un castillo de moros, conquistado por Alfonso VI, tuvo una gran importancia en varios enfrentamientos en la historia de Castilla. Su elevada situación, permite verlo desde kilómetros de distancia.
Es monumento nacional. Y aunque es de propiedad privada, he leído por ahí que se puede visitar los sábados por la mañana. Tengo que investigarlo.
Mi rusita no se merece menos.
Aprovechamos la visita para ver el pueblo ya de paso. Escalona es una villa agradable, con gente bien simpática. Fue fundada nada menos que por los judíos que huyeron de Israel a la conquista de Nabucodonosor II, ahí queda eso. De eso hace dos mil quinientos años ya. En ese tiempo, por allí han pasado romano, visigodos y árabes.
Por cierto, que por allí pasa el camino de Santiago.
Destacan sus casas típicas, murallas medievales, parque medieval, monasterio de la Encarnación y su iglesia y . Al entrar por la puerta de San Miguel, nos reconocieron periodistas de Castilla-La Mancha Televisión, que venían del peluquero, así que nos escondimos en la capucha de Ana, para que no nos sacaran en las noticias.
A continuación, nos entretuvimos un rato en la parroquia del Arcángel San Miguel y terminamos la visita en la plaza del Ayuntamiento, donde nos dio tiempo a comprar unas cebollas.


Luego nos tomamos unas cañitas, Mahou, por supuesto. Hay un montón de bares y restaurantes en Escalona. Un día comí en El Mirador. Esta caña, la tomamos en La Luna, con una maravillosa tortilla.

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