Suiza I: Ginebra

Venga, dejamos ya los cotilleos, y vamos a lo nuestro. En los próximos días, so voy a ir contando poco a poco mi viaje a Suiza, del que ya os adelanté algo al hablar de mi amada Berna.
Llegué a Suiza en avión, vía Ginebra. Precisamente la única foto que tengo de allí (lo siento) es del aeropuerto. Una vez allí, alquilamos un coche. Suiza es un poco como yo, pequeño, pero grande. Bueno, que se puede recorrer sobre cuatro ruedas con facilidad. Además, la gasolina está más barata que en España.
Pero, ¡cuidado!, que como el piquito de Ginebra está metido en Francia, los dos aeropuertos están juntos, y puedes pasar de Francia a Suiza en pocos pasos. Bueno, es un lío curioso, jejeje.
De lo poco que vi de Ginebra, me parece una ciudad bonita, pero nada que ver que ese bucolismo que me ha encantado de toda Suiza. Ahí no encontrarás a mi amiga Heidi, sino las rentas del libro bien guardaditas en un banco.
Lo que me encantó es eso de poder jugar a ajedrez por la calle, mientras te paseas por los enormes tableros. ¡Las piezas son más grandes que yo!
A, y ese precioso puente sobre el lago Leman lleno de banderas. ¿Será por eso de que allí están las Naciones unidas?
Hoy es martes... El jueves os contaré mis aventuras en el castillo de Thum, donde luché con un fiero oso para defender a mis guapas compañeras de viaje. Si es que el que es valiente, es valiente...

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