La Diosa del Ámbar I: Munich

Cuentan los hombre y mujeres del Báltico que la diosa de los mares se enamoró de un marinero mortal. Como castigo, su hermano, el dios del trueno destruyó su castillo, dando así origen al ámbar que tanto abunda en la zona.
Metido en mi cama de madera, una noche me sorprendió en mis sueños. Estaba presa en su elemento, encerrada en un pequeño lugar del que no sabía escapar. Soñé con grandes aventuras, tremendos bosques, escaleras, notas musicales, una bruja, una traición...
Pero desde aquel momento supe que mi destino era rescatar a la diosa. Así que busqué a unos amigos y comencé la aventura. Necesitaba alguien que entendiera a la gente, que me tradujera su lengua y sus mentes. También me acordé de aquella para quien no tenía secretos el arte, lenguaje de los dioses. Por último, avisé a un cronista, que pusiera mis aventuras a la altura de las de Julio César. En esta compañía, no dudé en ponerme muñones a la obra. Pero antes hice una parada técnica, porque soy una marioneta con vícios y necesidades.

Me dicen que de camino a Riga, paramos unas horas en el aeropuerto de Munich. Pues os juro que no me acuerdo de nada, sólo de cerveza, cerveza y más cerveza. Menos mal que la Bayern también estaba allí, porque si no, pobre mi cabecita de madera. Algun día tendré que volver para ver la ciudad, que seguro que es bonita, y también para beber más cerveza.



De todas las cervezas que bebí, os aconsejo la Erdinger Weissbräu.

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