Segovia

Hace siglos que mis amigos de la aldea gala de Armórica, Astérix y Obélix, no me invitan a comer jabalí. Así que cuando unos colegas me preguntaron si quería ir con ellos a comer cochinillo a Segovia, no lo dudé ni un segundo. Y, la verdad, no me arrepiento en lo más mínimo, porque el porcino animal estaba para chuparse los muñones.
Nos decidimos al final por un restaurante justo al lado del acueducto, que se llama Amado. El servicio y el cochino, estaban de lujo. Lo que no me moló fue los casi ocho euros que nos cobraron de pan.
Depués de este viaje relámpago a Segovia, he decidido que tengo que volver con más tiempo. Me encantó este precioso lugar comunero. Su catedral y su alcázar son la caña. Por no hablar de las muchas y muy cuidadas iglesias que te encuentras por cualquier rincón. Definitivamente, quiero un fin de semana para verlo todo por dentro.
Apenas me dió tiempo a ver el acueducto de día y noche, recorrer un poco las calles, dejarme sorprender por la catedral y maravillarme con la vista nocturna del Alcázar. Me llamó la atención el museo de brujería, aunque me han contado que está cerrado.
Cómo se nota la crisis, porque los recuerdos estaban a bastante buen precio.
Por cierto, que no pude hacer una foto, porque me llevaron en coche, pero me encantó la vista frontal del alcázar. Mis hábiles y expresivos ojitos descubrieron que puedes bajar andando por una senda peatonal preciosa desde el acueducto.
Me lo apunto también.


En este caso, no voy a recomendar una cerveza, sino un vino que nos gustó, el Valduero.



Puedes ver más fotos mías, muchas más, en Segovia, en mi Facebook, en http://www.facebook.com/album.php?aid=8846&id=1628367283&ref=mf
y en Picassa, http://picasaweb.google.com/Dikaios2/20071003Segovia?feat=directlink

4 Responses

Publicar un comentario