Go West V: Sintra

En mi corta pero intensa vida como viajante he visto muchas cosas; ciudades preciosas, enormes palacios y grandes tesoros naturales. Tengo que confesar que aún así me sorprendió mucho lo que vi en Sintra, que aglutida todo eso y mucho más. Acabo de llegar de Portugal, y me vais a perdonar que no siga el orden cronológico del viaje con esta entrada, que no empiece por el principio, para poder explicar a un tiito que se va para Portugal lo que hay en esta preciosa ciudad. Vamos, que en vez de escribírselo a él, os lo escribo ya a todos.
Antes de nada, tres consejos. Para ir a Sintra lleva calzado muy cómodo, si es posible, calzado de montaña (y si estás en forma, muuucho mejor). Que no se te olvide una linterna. Y es un lugar muy romántico si vas en pareja.
La ciudad era residencia veraniega real y foco de atracción de escritores, atraídos por su belleza y naturaleza. Allí puedes ver parques, quintas y palacios como el Real, Nacional de Sintra, da Pena, de Queluz, Montserrate, Mafra, Seteais, o Regaleira, además del convento dos Capuchinos, el castillo dos Mouros y varios museos.
Pero si vas a pasar sólo un día en la ciudad, te recomiendo lo que me recomendaron a mí: lo que más vale la pena es el interior de palacio da Pena y los jardines de Regaleira. Lo primero que llama la atención al llegar allí es el placio Real, con sus chimeneas características, que son el símbolo del lugar. Dicen que posee el mayor conjunto de azulejos mudéjares del país. Nosotros directamente pasamos de pagar por el aparcamiento y nos subimos a los dos monumentos más alejados: el castillo de los Moros y el palacio de la Pena.
Para llegar hasta allí, tienes que hacer unos kilómetros a través del bosque que son una delicia para los sentidos. Del castillo que fundaron los moros sólo quedan murallas y torreones. Merece la pena subir por las magníficas vistas de toda la región y el mar (confirmado, la tierra se ve redonda desde tan arriba). Pero hay que estar en forma.
El palacio nacional de la Pena sí merece la pena. Al margen del juego de palabras fácil, te diré que era un antiguo convento de los Jerónimos, aprovechado posteriormente como palacio por la realeza del país. Y a Fernando II se le fue la pinza, y creó un castillito de los de libros de cuentos. Ademas, está muy bonito por dentro. Los jardines son enormes, y tienen su recorrido botánico, pero no nos dio tiempo a verlos más que de pasada.
A la bajada, terminamos en San Pedro de Sintra. Allí comimos en el bar donde veíamos que se metía la gente del pueblo... Y no pudimos hacer mejor elección. Al principio, el Sol Dourado nos parecía algo cutre, y la camarera no sabía castellano. Pero no veas cómo estaba todo, en qué cantidad y a qué precio. Además, a la salida se venden antigüedades y zapatos. Hicimos unos cientos de metros en coche y lo dejamos al otro lado de un parque que merece la pena recorrerse a pie. Después, nos deleitamos con el museo de arquitectura al aire libre (si es posible allí, uno tan joven como yo se pregunta por qué todavía no lo es en Toledo), vimos por fuera el palacio Nacional y sus chimeneas, nos dio tiempo a unas compritas y nos fuimos a la Quinta da Regaleira.El lugar, con toques de locura, exotéticos y mágicos, es una belleza. Por sus extensos jardines puedes caminar sobre el agua, perderte en grutas subterráneas o bajar a lo más profundo de un pozo. Incluso, puede ser que después de mucho penar, te encuentres sin salida. Bueno, pues la hay... ¡Búscala! Al lugar todavía le falta que terminen de rehabilitarlo, pero es un jardín magnífico, por el que a uno se le da la tentación de jugar al escondite.
El palacio en sí es bonito por fuera, pero no tiene nada que reseñar por dentro, salvo el hecho de que puedes subir a la torre más alta y ver la ciudad desde arriba. Pero ten cuidado también aquí con el viento.

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